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miércoles, 14 de octubre de 2015

BOLDO DEL FUERTE TUCAPEL UN PATRIMONIO DE CAÑETE

Hace algún tiempo, un organismo relacionado con los árboles, realizó un concurso fotográfico, referente a árboles patrimoniales de Cañete. Obviamente, por tratarse de fotografía que no era de corte profesional, estético ni artístico, me decidí a participar con tres temas y con cuidado sumo en la elección y sobretodo en la elaboración e investigación de la historia.

No obstante lo anterior, y por supuesto en ello está la esencia de los concursos, quedé muy lejano de los lugares de privilegio. Sin embargo, esto no era lo importante, sino que buscaba destacar presencia de la historia, anécdota u otro referente de alguna situación en cada una de las fotografías que envié.
Como todo eso es historia pasada y ya he palpado que, muchas veces, lo que es importante o impactante para uno, no lo es a juicio de los interlocutores; por lo que la deferencia y la relación cordial establecida con ese organismo y sus oportunas respuestas me dejan más que satisfecho.
El Boldo, bajo, donde murió Pedro de Valdivia.
 
Para concurrir a la toma fotográfica recurrí a mi memoria, historias de mis abuelos, padres y sobretodo vivencias personales. Estas últimas, acostumbradas a recorrer campos, lomas, quebradas, charcos, lagos, ríos, riachuelos y pantanos de mi ciudad natal en la búsqueda de lo más reconocido y por ello llegué al “Boldo” del Fuerte Tucapel. Incluso evocando la señalética que en una de sus ramas más importantes tuvo en la década del 60 y donde se leía que había sido testigo de las gestas entre araucanos y españoles y que sus edad (entonces) sobrepasaría los 400 años.
 
Este boldo es un árbol de mediano tamaño, Peumus, perteneciente a la familia Monimiaceae que en casos como el de la fotografía puede superar los 15 metros con un diámetro en su base de no menos tres metros, según apreciación visual.
 
Esta es una especie de muy lento crecimiento y que como tal; y en este caso, ha dado para muchas historias, en la década los sesenta y en presencia de una gran cantidad de estudiantes básicos, la autoridad de la época instaló una placa indicando que allí, bajo el follaje de este árbol había sido ejecutado, de un mazazo, tras ser derrotado en la Batalla de Tucapel, el conquistador Pedro de Valdívia. A esta ceremonia asistí en calidad de estudiante de la escuela Nº 1 de Hombres, Leoncio Araneda Figueroa.
 
En esa época el mencionado árbol, ubicado en el lugar que la tradición reconoce como la del Fuerte Tucapel, tenía medidas similares a las actuales, aunque menor follaje y su placa se mantuvo por un par de décadas.
 
Tras este episodio se estableció una creencia que se mantiene hasta la actualidad, este mismo motivo hizo al Intendente de la Región del Bío Bio, un par de años antes de los ochenta, visitara el lugar, para cerciorarse en terreno de la existencia del mencionado árbol y la veracidad de los acontecimientos narrados por la creencia popular. En la visita un particular, don Carlos Flores Flores, fuera de protocolo, entregó a la autoridad regional un escrito relatando los sucesos acaecidos en torno y a la sombra de este Boldo, aunque posteriormente aclaró que ello no era más que creencia popular.
La tradición se mantiene viva en torno a esta historia y como experiencia personal puedo indicar que el día de la toma de fotografía un grupo de estudiantes medios, apostado en las cercanías me indicó: ¡Ese es el árbol donde murió Pedro de Valdivia!
 
Lo real de este boldo, aunque hay otros que aseguran que no es esta especie, es que en su raíz existe una base de cemento, muy apta para sentarse, y sobre la cual miles y miles de parejas de pololos, la mayoría estudiantes, han aprovechado el lugar para realizarse promesas de amor eterno. Esas mismas promesas que con el paso del tiempo son cubiertas por la bruma del olvido.
 
Corredores y pasillos bajo en Fuerte Tucapel
Esta creencia popular se encadena con aquella que indica que la tapia de cemento que existe junto a su raíz del boldo, sería para impedir el ingreso de curiosos a los corredores y pasillos secretos construidos por los españoles bajo el subsuelo del Liceo José de la Cruz Miranda, y dónde en la época colonial se emplazaba, supuestamente, el Fuerte Tucapel y que conectarían incluso con cavernas existentes al lado poniente del río.
 
Empleo la palabra, supuestamente, porque siendo estudiante del Instituto Comercial de Cañete, en 1970, el profesor de Historia nos llevó hasta el mencionado lugar y nos explicó las descripciones del emplazamiento del fuerte español y posteriormente nos hizo estudiar la topografía de cerros colindantes que resultaron ser similares en varias de sus formas. En ese entonces, como estudiantes, llegamos también a la conclusión que la ubicación bien podía ser equivocada. Aspecto que nadie me ha aclarado hasta la fecha.
 
Por estos y otros aspectos interesantes es que, desde mi juicio personal, este árbol es, sin lugar a dudas, el más representativa de toda la flora cañetina ya que indirectamente rescata una parte importante de nuestra historia, al margen de que estos sea verdad o no. Dado que nuestra historia y la del Mundo en general está basada más en acontecimientos supuestos que reales y producto de la prolífica y creativa imaginación de quienes recopilan los vestigios de ella.

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