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martes, 21 de julio de 2015

LA RADIO DE CAÑETE AYER

Que las radioemisoras en todo el mundo han evolucionado, es una realidad que nadie puede negar. Ha mejorado en sonido, es posible llegar a todas partes con señal en internet que cada día resulta más fácil de implementar y los alcances no dejan de sorprendernos.

El aumento desmesurado de las estaciones en frecuencia modulada por comuna, eso sí, según mi criterio atentan contra la calidad, aumenta la competencia económica haciendo, muchas veces, insustentable su existencia y en lo profesional es el camino corto a la improvisación.
 
En mi idea, existen dos tipos de radios, las que trabajan con la vieja escuela, de locución cuidada, buena voz, conversaciones coherentes, dialogo ameno y cordial y las que siguen las normas de un tipo de radio más suelta, liviana, llena de modismos, permitiendo los términos soeces, diálogos de doble sentido y muchos locutores gritones. Para ambas hay público y pueden coexistir perfectamente.
Sin embargo, frente a la modernidad mencionada y el mejoramiento, en todos los sentidos, especialmente de los aspectos técnicos, creo que se ha perdido la creatividad. Esta faceta es amiga inseparable de las comunicaciones, no solo radiales, sino de todo tipo.
 
Respecto a lo anterior quiero mencionar dos instancias dignas de ser consideradas y que si alguna estación las realizara en la actualidad, no resultarían muy novedosas; pero, que implementadas en los años sesenta o setenta fueron toda una novedad y que fue la transmisión de show en vivo desde algún escenario y aunque a la primera no me llevaron y tuve que conformarme con escucharla por la radio, tuve el relato en primera persona de un artista que a pesar de su corta edad causó sensación entre los asistentes.
 
Corría 1965 y mi hermano José Francisco Flores Olave, tenía recién un poco más de seis años y mi padre, de nombre Luis Ernesto como yo, pariente directo de los integrantes del famoso trio melódico de los años 50 “Los Hermanos Arriagada” había dedicado largas horas a enseñar a su segundo hijo varón el arte de la música, específicamente la guitarra y canto, ya que con el primogénito había fallado. A mi padre le apasionaba la música y la lectura.
 
El tema es que a don Manuel Plaza González, propietario y gestor de Radio Tucapel en los años 60, curiosamente casado con una pariente nuestra, a mediados del año 1965, creó lo que podría ser el 1er Festival de la Canción en Cañete durante los meses de junio-julio-agosto para finalizar con un gran show durante las Fiesta Patrias.
 
A ese espectáculo que sería transmitido “en directo” por la radioemisora se invitaba a presentarse a los cantantes de la ciudad y como no había medios para contratar una orquesta, cada uno tenía la obligación de acompañarse con su propia guitarra o bien llevar a alguien que le prestara ese apoyo.
A pesar de lo precario y limitado de los medios existentes, el evento era toda una novedad y en la ciudad, reuniones de amigos, estadio, barrios, escuelas, solo se hablaba de los posibles cantantes y la posibilidad de no perderse un espectáculo pocas veces visto en la comuna. La asistencia estaba asegurada.
 
Nuestro padre, alentado por mi primo Carlos Flores Flores (Charles), que se transformó en una especie de manager de Francisco, ideó que este podría ir a demostrar sus dotes de guitarrista y cantante a este escenario y comenzar una exitosa carrera, al mismo tiempo integró a todo su grupo de amigos quienes actuarían como el fans club oficial. De inmediato comenzaron los ensayos.
Francisco Flores Olave, recuerda que “en la loma donde posteriormente se instaló la Población Nueva Santa Clara había unos troncos acopiados y allí me subían y “Betote” alargaba un palo con un tarro en la punta para hacer las veces de micrófono”.
 
Más adelante Francisco me cuenta “No sé cuántos días duró el ensayo hasta que llegó el momento de mi actuación; mi papá trajo desde donde mi tía Inés Flores de Abarzúa un receptor de radio que tenía la banda de onda corta que era la usaba Radio Tucapel para que me pudiera escuchar mi abuelita Hortensia Arriagada”.
 
El día de la actuación
Junio es un mes de temperaturas bajas en la ciudad de Cañete, y sus habitantes, en la mayoría juventud, enfundados en gruesas ropas caminan raudamente hacia el Centro Cultural y Deportivo Juvenil donde, en su segundo piso, se ubicaban “los estudios” de Radio Tucapel. Los estudios, eran en realidad una pieza cedida por la institución para que funcionara la radioemisora. Francisco llegó con nuestro padre y su guitarra (en realidad la guitarra de estilo campesino era más grande que el ejecutante) “Estaban allí mi barra – nos relata - el escenario estaba listo y una improvisada platea. La euforia de los asistentes y la impaciencia para comenzar el espectáculo no daban para más. El nerviosismo de los “técnicos” radiales era evidente. Lo más probable es que anduviera, entre ellos, el “Chico Varela”, era evidente, otro olvidado prócer de la naciente radiodifusión cañetina.
 
Cuando le consultamos a Francisco que nos grafique el momento previo a la salida al escenario nos indica que había una sala donde se podía ensayar y que era una locura aquello; llena de guitarras sonando, muchas voces cantando las más variadas canciones, entre ellos recuerda a Arturo Rivera Torres, conocido localmente como “Camiñanche” o “Che Camilo”, insigne artista local, cantante y guitarrista, infaltable en cuanta fiesta o actividad se realizaba y que para curiosa coincidencia era primo de nuestro padre.
 
La mayor sorpresa de Francisco fue que por primera vez conoce, obviamente desde la distancia, guitarras eléctricas, específicamente a The Clifftons de los hermanos Rodríguez, todo esto fue algo realmente extraordinario para él.
 
El debut
Dejemos que el propio Francisco Flores Olave, no narre con sus palabras el momento de la actuación “Llegó el esperado momento de mi debut y al anunciarme, el animador, quién años mas tarde sería un gran amigo Miguel González, mi barra gritó y aplaudió hasta la locura; mi primera canción fue “Flores para mi madre”, luego una segunda, que era lo que duraba la actuación y si el público pedía otra se podía cantar una tercera.
 
Como iba todo preparado mi barra aplaudió, gritó, pataleó hasta que Miguelito González dijo: “que vuelva, que vuelva” y entonces saqué mi cartita bajo la manga, una canción de letra picaresca que me había enseñado mi papá “El caballo de mi abuelo”; aquello fue la locura, tuve que cantarla 2 veces”.
A la próxima semana fui nuevamente con nuevas canciones pero en una jugada maestra de Miguelito González en el intermedio de la segunda canción dijo algo mas o menos así: “Y ahora el éxito de la semana pasada “El caballo de mi abuelo”; me pilló de sorpresa pero canté la canción pensando que mi papá la había puesto en el listado, pero era una humorada de Miguelito”.
 
Lamentablemente y para las pretensiones familiares, especialmente de nuestro padre y de su “manager” Charles Flores, Francisco no se presentó a una tercera actuación, por lo que hasta la actualidad, cuando han pasado 50 años de este acontecimiento, no sabemos si el gremio del transporte santiaguino ganó un integrante o el espectáculo perdió una estrella. Sin embargo, aunque no había Facebook u otros medios sociales el profesor Maureira, se enteró de la soberbia presentación de Francisco, quién desde entonces le ponía nota 7 en el ramo de Música y Canto, a pesar de nunca haberlo escuchado.
 
Esta creatividad mostrada por Radio Tucapel, quienes superando las falencias técnicas hicieron gratas nuestras tardes con este tipo de eventos. Eso incluye las transmisiones deportivas donde participaba en Chico Varela y que alguna vez relató tan jocosamente Eduardo Torres López en una de sus crónicas en este mismo medio. Esa sola transmisión significaba a lo menos dos días de preparación, especialmente en el tendido de líneas desde los estudios de la radioemisora hasta el lugar donde se jugaba el encuentro. Situación que personalmente me tocó vivir decenas de veces.
 
Los Jeet
En estos esfuerzos por hacer del mundo artístico en Cañete, no puedo dejar de mencionar al Conjunto los Jeet que lideraron los hermanos, Sergio y Wellington Morales, este último ya fallecido, a quien vi hacer vibras a la juventud y a los no tantos en los diferentes escenarios en los inmorales carnavales de verano al ritmo de twist, rock and roll y por donde pasaron ilustres músicos, aunque la base estable y final fueron los mencionados hermanos, Carlos Jara en la batería y Juan Vergara Moraga.
Curiosamente Carlos Jara, tuvo un paso rápido como animador del Show dominical Impacto del 158 y manager de la pequeña Yakita.
 
Impacto del 158
Otro momento impresionante se viviría años más tarde cuando Radio Millaray A.M. CD 158 creó el programa “Impacto del 158” y que era, al igual que lo realizado por Radio Tucapel, un espectáculo artístico que se transmitía desde el Teatro Municipal los domingos por la tarde.
 
Aquí las condiciones algo habían mejorado y ya se contaba con un conjunto electrónico “Patrulla Juvenil” integrado por Carlos Neira (primera guitarra) Pablo Castro (director y bajo electrónico), Lolo Coloma (batería) y aunque tengo su imagen en la retina, no recuerdo el nombre del ejecutante de segunda guitarra y como siempre en la conducción, un gran hombre de radio, Miguel González.
Este evento es quizá la única ocasión en que compartí escenario con Francisco, no precisamente para cantar, sino para poner en escena parte del show que en Viña de Mar había presentado un tiempo antes “Bigote” Arrocet. Creo que la recepción del público no fue mala. Hubo buenos aplausos; pero definitivamente, la comicidad no era y no es mi fuerte.
 
No es menos importante destacar grandes voces, intérpretes o conjuntos, Eleonor Jara, actualmente en el Coro del adulto mayor, Baltazar Valencia, Los Hermanos Acuña, (Celedín, Rosita y otro hermano que nunca he recordado el nombre), Julia Aguayo, Conrado Cartes, Osvaldo Flores, Conjunto Amancay (masculino y femenino) Los Cullundas (Hermanos Opazo) grandes exponentes del humor campesino y poseedores de una improvisación a toda prueba, Yakita (una pequeñita de una voz pródiga a quien le perdimos la pista), Magaly Muñoz, Luis Ávila, David Carrillo, poseedor de un registro impresionante que enmudecía la audiencia, especialmente con su interpretación de Granada y tantos otros que tengo en la memoria, que llenaban de talento todos los rincones del desaparecido Teatro Municipal y los receptores de los hogares cañetinos que cada domingo eran sintonía segura a través de Millaray A.M.
 
 
La transmisión y la asistencia de público, cada domingo, al Teatro Municipal fueron apoteósicas y que significó más de una gira de los artistas a algunos eventos, en lo personal les acompañé como animador a uno realizado para trabajadores de Bosques Arauco, en el Gimnasio de Carampangue.
Recuerdo en 1981 la puesta en el aire del primer informativo comunal, “24 horas” en radio Millaray A.M., (nombre tomado de una radioemisora española y que posteriormente adoptaría “creativamente” TVN) y que me tocó dirigir junto a un grupo selecto de profesionales como Francisco Flores en la producción técnica, German Salas Torres (actual director de radios Bio Bío y Punto 7 en Valdivia) y Pedro Mendoza Opazo (radio Revelación F.M.), en la lectura de noticias, Mario Galvani Aravena en los comentarios deportivos y la colaboración desde Antihuala de Luis Humberto Mendoza y el invalorable apoyo de Luis Arnoldo Cabrera Soto, entonces Director de la radioemisora.
 
Domingos Espectaculares
Rápidamente y como ejemplo, en mi corto paso por la desaparecida radio Teniente Merino A.M. de Lebu, por el año 1977 aproximadamente, me correspondió conducir el programa “Domingos Espectaculares” y aunque no recuerdo a todos sus integrantes, estaban Germán Salas Torres, director artístico y locutor, Sergio “Checo” Salas, Lautaro López, Tito Díaz y Marcelino Moreno, radio controladores, Germán Salas, Eliana Rothen, Eduardo Torres, Rodolfo Montecinos y varios otros en micrófonos. Cada uno tenía un rol especial, deporte, actualidad noticiosa, música, moda, etc etc en su contexto era una maratónica jornada donde todo el personal de la radioemisora tenía participación en vivo y por supuesto el director de la emisora Abel Peña Peña.
 
El programa fue de corta duración, porque el esfuerzo profesional era inmensamente desgastador y la falta de material hacía difícil el sustento. Sin embargo recuerdo que cada integrante entregaba lo mejor de sí para hacer del programa una maratónica tarde dominical amena y que era agradecida por la alta audiencia lograda. En lo personal fue una grata experiencia para la poca experiencia que, personalmente, aún poseía en radio y que más de alguna vez fue refrendada por su director.
 
No es posible escribir una crónica del espectáculo de los años 60 y 70 sin dejar de mencionar a Grupos tan importantes como “Voces de Rio Seco”, quien es desde su época liceana deleitaban la mayoría de los actos con sus temas, según recuerdo, de Los Chalchaleros, grupo argentino de moda en la época.
 
Los Amancay, quienes no contentos con su fortaleza musical creciente crearon Amancay femenino y juntos viajaron a representar a Cañete al Festival de San Bernardo, que en esa época era como lo es hoy Viña del Mar; pero folclórico. Su presentación fue un éxito rotundo y su capacidad no ha sido emulada hasta el presente. Destacando Gastón Ávila Pérez como exponente a nivel internacional, quien en la actualidad entrega su conocimiento a niños de la Escuela José Ulloa Fierro en Los Álamos.
 
Actualidad
Sin embargo hoy parece estar todo hecho, aunque no es así, hay mucho por realizar. Por eso mismo he querido dar unas pinceladas a hechos importantes de la radio en la zona, como una idea para que los jóvenes y no tan jóvenes que hacen de la radio actual una realidad, se sienten y decidan con qué sorprender y apresar a los radioescuchas y que la radio siga más viva que nunca.
 
Como esta crónica resultó algo extensa, dejaremos hechos para otro día y como decía mi profesora Norma Cartes Cárdenas, al término de cada día de clases, luego de contarnos un cuento “pasó por un zapatito roto y de historias y cuentos, mañana les relato otro” 

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