Los
verdaderos héroes no tienen capa ni superpoderes, los verdaderos héroes
lloran y sufren, ríen, cantan, sueñan; se esfuerzan y mueven montañas,
luchan contra la naturaleza y la adversidad día tras día; pero cada
día que amanece respiran hondo, se cubren el cuerpo con esperanzas y
salen a dar la batalla por la supervivencia del diario vivir.
Por Francisco Flores Olave
Es la historia extraordinaria de Don Omar Aravena Cortez; de
profesión Maestro Palanquero de Aserraderos, contada por sus hijos.
Don Manuel Omar Aravena Cortez, nuestro padre; nació un 17 de mayo
de 1946 en la localidad de Cunco, Novena región; hijo de Segundo
Aravena Castro y de Elsa Cortez Ríos, el segundo de 6 hijos.
De pequeño sus padres se trasladan desde Cunco para Pichinahuel,
cerca de la Piedra del Águila, motivados por el auge económico
maderero.
Pasó su infancia entre aserraderos de la firma B.I.M.A., (Bosques e
Industrias Madereras Antihuala) quien controlaba la gran mayoría de los
bancos aserraderos, como solían llamarse; allí se forjó como
trabajador aprendiendo el oficio de maestro heredado de su padre.
Estando un día en ese lugar un conocido suyo llamado Edmundo Alarcón,
habló con su jefe el Sr. Sergio Gómez que Omar Aravena era un buen
maestro de aserradero, palanquero como solía llamarse a ese tipo de
trabajadores, para llevarlo a la Reserva Lanalhue, donde había un banco
aserradero de la firma Cora, para que se hiciese cargo del proceso
maderero.
A la llegada en la Reserva Lanalhue se encuentra con varios
conocidos que venían de La Piedra del Águila de la firma B.I.M.A. tales
como: Antonio Albornoz y familia, Segundo Gatica "El Loco" y familia,
Manuel Salazar "Don Maño" y familia, José Henríquez, José Olate, Carlos
Alarcón y familia, Toribio Rozales y familia; familia Silva y otros
más, esto ocurrió por el año 1971.
La estadía en dicho lugar duró aproximadamente tres años porque la
mayoría de los trabajadores con sus familias fueron dispersados en
diferentes lugares de la región, producto de la contingencia política
del momento, entre ellos nuestro Padre que fue reubicado en una
maestranza a la salida de Cañete camino a Cayucupil.
Esta estadía laboral duró aproximadamente hasta mediados de 1986;
año en que la familia Etchepare vende los terrenos a Forestal Arauco, y
debido a esto la mayoría de las familias como Albornoz, Acevedo,
Vallejos, Roa, Riffo y Manríquez tuvieron que emigrar a distintos
lugares de la provincia.
Don Omar, nuestro padre; siguió con su oficio de maestro de
aserradero (palanquero), y con el paso del tiempo se armó de un banco
y un tractor marca Belarus y junto a sus hijos comenzó una nueva etapa
laboral instalando su aserradero en el asentamiento de Tranguilboro en
terrenos de la familia Puentes; y luego en la parcela de la familia
Pereira.
Durante su trayectoria laboral desde Caillín hasta la Reserva
Lanalhue educó a sus hijos enviándolos al colegio junto a otros niños
(los del banco como se les solían llamar) del asentamiento de
Tranguilboro cuya colegiatura duraba hasta sexto año básico, después de
eso sus hijos fueron enviados a un internado ubicado en Tranaquepe
comuna de Tirúa, completando así la enseñanza básica. Posteriormente
para completar la Enseñanza Media los hijos Jaime y Carlos estudian en
Lebu y Héctor continua sus estudios en Contulmo y en Cañete.
Don Omar, nuestro padre; trabajó por muchos años para la familia
Etchepare, y como decide independizarse adquiere algunas máquinas
esenciales para la instalación de un banco aserradero, y al ver que no
disponía de suficiente dinero recurrió a su padre Don Segundo Aravena
maestro reconocido en temas de aserraderos y es así que compran un
aserradero con motor a vapor conocidos como locomóvil.
El traslado de estos equipos desde el sector de Huilquehue
cercano a Contulmo hasta la Reserva Lanalhue fue toda una odisea; se
formó un equipo estratégico para sacar el aserradero desde su lugar ,
especialmente el locomóvil que era una estructura de fierro macizo de
mucho tonelaje , al tiro de la maquinaria que me refiero iba el mas
experimentado, Don Antonio Albornoz, y sus amigos Roa , Arias y otros
más; en el camino desde Huilquehue al punto de carga donde esperaba el
camión Pegaso conducido por el reconocido camionero como era Don
Fernando Pérez, ocurre un sinfín de anécdotas, como cuando se les
salió una rueda delantera al locomóvil, donde se tuvo que improvisar
como reponer nuevamente la rueda al equipo.
Tras esa dura faena se llega a la Reserva Lanalhue con el motor
(locomóvil), el bajarlo fue sencillo pero el traslado al punto de faena
fue todo un desafío, ya que iban cerro arriba pero con ocho yuntas de
bueyes más un tractor se llegó al punto designado por el maestro.
De esta manera Don Omar, nuestro padre comenzó una nueva etapa
laboral ahora como independiente trabajando en sociedad con el clan
Etchepare; esta etapa la lleva a cabo con sus amigos e hijos ya que en
los períodos de vacaciones estos trabajaban en el aserradero como
aserrinero, totero y en diferentes labores en que el maestro los
asignara.
En el período en que los hijos estudiaban fuera de la comuna Don
Omar, nuestro padre; y Doña Lila, nuestra madre; viéndose solos
sostienen una conversación y planean tener un cuarto hijo, en lo
posible una niña; una cocinera como se solía decir en esa época; y es
así que en la soledad de la montaña con la brisa pasando entre los
coigues, ulmos y olivillos que hacía bailar los copihues; con el
canto de los grillos y el "chiduco" lejano de un "chucao" (significa
presagio de felicidad) es concebido el que a la postre sería un niño
llamado Camilo, su cuarto y último hijo.
Otra de las formas de ganarse la vida en los períodos de invierno
era hacer carbón con los retazos de madera del banco aserradero, una de
ella era en hornillas (cavidad tipo entrada de túnel) y la otra forma
era tipo percha (cavidad en la superficie de la tierra).
Otra de las tantas anécdotas que surgieron en la Reserva Lanalhue fue
la caza del león, esto sucedió en las inmediaciones de varias casas de
las familias Albornoz, Manríquez, Riffo y Aravena; allí Don Omar o el
maestro como era conocido por todos, tenía algunos animales y aves como
el resto de las familias, las que quedaban al resguardo de un corral, y
ya era conocida la fama del león que merodeaba el sector buscando alguna
víctima, una noche de invierno el león entró al corral y se llevó un
ternero, el que echaron de menos al despertar por la mañana.
Entre varios siguieron el rastro del león hasta que llegaron donde
había dejado su víctima muerta ya que solo se comió las vísceras del
ternero dejando el resto del animal para las aves carroñeras; esto
indignó a muchos de manera tal que decidieron hacerle frente a la
situación construyendo una trampa que fue diseñada por Don Nino Arias
y Luis Acevedo.
La trampa consistía en una empalizada dividida en dos cuartos y en
el fondo una presa viva que era un ganso, para que de esta manera el
león entrara en la empalizada y quedara atrapado; pero la astucia y el
olfato del felino fue mayor ya que solo rodeaba la trampa sin ingresar a
ella; en resumen el león nunca cayó en la trampa y continuó haciendo
de las suyas matando cuanto animal se le atravesara en su camino.
Una de las cosas importantes y rescatable de vivir en la Reserva
Lanalhue era el compañerismo y solidaridad entre los vecinos y amigos;
en cierta ocasión se realizó un mingaco, ( esta actividad en Chiloé se
conoce como "Minga" y consiste en ayudar a un vecino en comunidad a
realizar un trabajo) uno de los tantos que se llevaban a cabo en la
Reserva, pero este era diferente ya que la mayoría estaban orientados a
la siembra de trigo o a las cosechas, este "mingaco" organizado por Don
Omar era para el "madereo" ( acarreo de trozos), y para ello vinieron
los más experimentados en la faena como Antonio Albornoz, Luis Acevedo,
José Roa, José Vallejos, estos últimos compadres entre sí, Rosamel
Manríquez a quién apodaban "Llegaste" y otros ; por parte del
Asentamiento vinieron Don Clorindo Pereira muy amigo del maestro;
también Ramírez, Saavedra, Carlos Cid ("Troja") y muchos más.
La faena en sí del "madereo" estaba enfocada en cortar , trozar y
llevar los trozos de mañío, los que fueron un aporte del administrador
de la reserva Don Marcelo Etchepare para cooperar con la reparación de
un tractor marca Belarus propiedad del maestro y que le fue facilitado a
Don Marcelo para faenas agrícolas y por cosas del oficio se cortó el
cigüeñal de la máquina, y como manera de retribuir el favor dio la
autorización para explotar en el área conocida como los "roces
perdidos"; esto último nos lleva al ya mencionado "mingaco", cuya tarea
duró dos días, en el que tras mucho trabajo, camadareria , tallas y el
buen vino hacía sacar lo mejor de cada uno de los invitados en cuanto a
destrezas y habilidades con sus inseparables amigos los bueyes.
Pasado el tiempo Don Omar se deshizo de la mayoría de las
herramientas de trabajo, tales como el banco aserradero, un camión Ford
del año de la pera, un tractor ruso, un 4x4 y otros enseres para comprar
una propiedad en Cañete y así construir una casa familiar.
En este lugar pasó a vivir con su familia, los que quedaron en la
ciudad ya que por motivos de trabajo la mayoría de los hijos se fueron a
trabajar y a establecer en otra ciudades.
Con el correr del tiempo su esposa, la señora Liliana Medina, nuestra
madre; comenzó con un proceso grave de salud la que la llevó a estar
hospitalizada tanto en Concepción y Curanilahue en unidades de UCI y
UTI, todo esto ocurrió en los preparativos de la celebración de los 50 º
aniversario de matrimonio, y producto de su grave estado de salud un
día 10 de Marzo del presente año (2017) fallece dejando un gran vacío
tanto para esta familia como amigos y vecinos de tantos años.
Hoy Don Omar Aravena, nuestro padre, vive en Cañete; cerca de
donde reposa la que fuera su mujer por 50 años; está dedicado a
labores de casa disfrutando su jubilación y a otros negocios, de vez en
cuando visita a conocidos del asentamiento de Tranguilboro como la
familia Pereira internándose en los bosques que lo albergaron por mucho
tiempo.
Esta reseña de vida es en memoria de los que hoy no están con
nosotros muy en especial a la esposa de Don Omar, la Sra. Liliana
Medina, nuestra madre; quién fuera pilar fundamental en el
crecimiento y desarrollo de la familia Aravena-Medina.
Otros que hoy no están presente, pero con su esfuerzo, modestia y
trabajo están en la retina de muchos que los recuerdan con cariño; Don
Antonio Albornoz, Don José Roa, Don Segundo Gatica, Don Ernesto
Riffo, Don Carlos Alarcón, Don Edmundo Alarcón, Don Toribio Rosales,
Don Nino Arias……..y muchos otros que fueron pioneros en trabajar en la
Reserva Lanalhue.
Para todos ellos un homenaje sincero.
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